domingo, 23 de agosto de 2009

Sentada en ua banca

El dependiente de la cafetería, con un mandil teñido con los colores ocres de un árbol, sale de su trabajo para intercambiar palabras con sus clientes que disfrutan de una tranquila tarde gris afuera del rincón cálido de la cafetería. Mientras, un señora de aproximadamente ochenta años, pasa caminando tranquilamente en lo que saborea guisantes deshidratados de una bolsa. Zapatos rosas pedalean una bicicleta al mismo tiempo que el reggeton latino ensordece los oídos de un puertoriqueño estacionando su coche.

¿Quien iba a pensar que las palomas alguna vez me iban a recordar mi escuela de toda la vida?Cabello teñidos de un rojo volcánico bailan con el viento frío que alguna vez alcanza a despeinar nuestros pensamientos.
Pensamientos sinceros y soñadores que se mezclan con la sintonía y armonía de una urbe. De pronto un perro robo mi atención, su cuerpo estaba detallado con líneas que le incorporaban un esmalte felino. Líneas pelirrojas sobre una espalda marrón y contornos finos del color del mármol. Sus patas aperentaban tener calcetines blancos, regularmente gastados con los años, pero firmemente apegados a la periferia de sus músculos.

La gente pasa con diferentes conversaciones dentro de sus cabezas, reflejando distintos ritmos de vida. Se nota por el paso con el que caminan y las miradas que logran trascender en sus sentimientos. Digo, no es una ciudad como caulquier otra, aquí se puede decir que cada quien es libre de hacer lo que les venga en gana. No hay límites para lo que deseen alcanzar.

Pensando aquello, mi mirada viaja desde el suelo hasta el cielo, acompañado por el sonoro ruido de una sirena y me doy cuenta de que los ladrillos, los insignificantes ladrillos de un edificio, tienen un orden de colores preciso. Los matizes viajan y se mezclan conforme la mirada pasa de un lugar a otro. Rojizos y ahumados; Viejos y sabios; Grises y fríos.

Me pregunto, mientras estoy sentada en una banca fumando y tomando café, acerca de cómo logramos ver nuestras vidas de una diferente prespectiva. Vivimos nuestras vidas tan rápido, que no nos detenemos a escuchar el ritmo y la armonía con la que los pájaros viejos y los neumáticos se comunica. Me siento aquí para mirar fijamente al cielo y descubrir lo más espontáneo del día: Un pájaro volando al mismo tiempo que un avión. Pareciendo que al pájaro no le importa que el avión vuele mucho más rápido que él. No lo quiere alcanzar, ni pretende ser como él, sólo hace lo que el instinto le dicta, el ampliar y desplegar sus alas para alcanzar nuevas fronteras.
Nadie le dice nada, sólo es un ave, pero no sabe que su existencia le sirve de inspiración a otras personas. He ahí lo bello de detenerse un momento a apreciar las cosas que nos rodean, abrir un poco nuestra capacidad de asombro al momento en el que nos proponemos a abrazar más a la vida. A los diminutos y efímeros segundos de nuestra existencia.

Si alguna vez pudieras hacerlo, entenderías muchas cosas acerca de ti mismo, resolverías magníficos "porqués" de tu vida y sabrías trabajar en los "para qué".Todos hacemos que el mundo mantenga su ritmo, desde la señora comiendo chícharos deshidratados en la calle, hasta una chica pedaleando su bicicleta, todos tenemos que llegar a un destino, cumplir nuestros sueños, basándonos en el instinto de nuestras almas, deteniéndonos un instante a solas, para ver y meditar lo que esta pasando en el momento que nosotros estamos viviendo.

Ahora, todo empieza a tener sentido; ahora, todo comienza a ser más claro para mi,y ¿tú?,¿Cuándo vas a empezar?.

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