Doña Cleotilde es una señora de aproximadamente cincuenta años, redonda como un globo aerostático y con facciones de un animalito rosa de granja. Su cabello es rizado y pelirrojo, que cubre su cabeza de tremendas sortijas en las que se podría esconder un ave. Su rostro esta cubierto numerosas pecas, que si las pudiera conectar una con otra, armaría las constelaciones del universo entero junto con unos ojos grandes y desafiantes a los cuales les sigo teniendo miedo.
Posee la gran virtud del descaro y el cinismo de una joven de dieciocho años que se pasea como si fuera la mujer más codiciada de todo el barrio. Siempre luce vestidos ajustados que dejan a la vista sus enormes y desbordantes pechos, que, cuando las miradas los acosan, los muestra con tremenda soberbia como gallina orgullosa de sus polluelos; sin olvidar sus horribles sombreros de alas anchas que logran esconder esa mirada de bruja de cuento, y las ajustadas zapatillas que casi le cortan la circulación de los pies.
Pese a todo esto, es una señora que perdió su dulzura, pues la vida la lastimó tras las críticas injustas e hirientes de la gente. Antes, en su adolescencia, sonreía a cada persona que se le cruzaba en el camino, pero las respuestas siempre fueron:
“¡Nunca había visto sonreír a un cerdo!” seguido de risas burlonas y uno que otro comentario del estilo. Eso hizo que se le cerrara el mundo y construyera una barda de odio y miradas despectivas. “Eres mejor que todo el mundo.” Le decía su padre con ese tono militar con el que creció toda su vida.
Nunca dejó pasar al amor al hogar de su corazón. El tiempo la amargó; la condecoró con la soberbia y la altanería de una yegua brava; hizo de su corazón una piedra que carga con desprecio. Olvidó lo que era reír, llorar y sonreír, lo sustituyó con artimañas desdeñosas que con el tiempo lograron sanar las heridas del pasado y vengar los insultos de aquellas personas que alimentaron su joven inseguridad.
Es una persona sola y sin amigos; orgullosa y ponderante; con una mirada sólida y vacía, y por si fuera poco, un poco extravagante.
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Ahora si ¿no? Presumo todo lo que hago chaaaaa, pero la verdad si esta chingón, ni como decir que no ja
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