lunes, 31 de agosto de 2009

El destino es el editor

Sí dolió, pero ¿Qué le vamos a hacer?...
Sin olvidar nada, sólo con una sonrisa en la cara, sabiendo que fue lo mejor.
Sin insultos ni palabras hirientes, así es como salgo de tu vida.
Recordando la primera vez que me conociste, sonriendo.

No cambió nada, excepto tus ojos, que se quedaron viendo la imagen de algo que iba a ser, olvidando que las cosas cambian, las estaciones por ejemplo, unas llegan otras se van.
Pude haber sido alguien mejor, pude haberme esforzado como lo hice y sin embargo no conquisté más allá de tus expectativas.

¿"Tirar la toalla", dices? No señor, esa la ocupé para aferrarme al barandal de tus sueños. Más bien, creo que me faltaron más prendas para hacer la cuerda más larga.
Ya no era así. Ya no era como ayer, como el día uno. Ni como el día veintinueve o el ciento veintisiete...
Todo fue flotando, desapareciendo en el aire, poco a poco...algunas veces persiguiendo aquello que se va, y otras simplemente viéndolo partir.

No, no qué hicimos mal, al contrario, nos pasamos de hacerlo tan bien.
En tu silencio siento que ya no querrás saber de mi.
¿Qué le puedo hacer?
Dime, ¿qué le puedo hacer?
Eso nunca estuvo en mis manos.

Un poeta nunca piensa cuando escribir sus poemas,
cree que en ese momento todo es real;
las cosas existen en su mente, las ve, las palpa y las siente.
Y cuando pone el punto final, cree que está listo,
inmortalizado, sin embargo, es un borrador al que le falta editar algunos errores.
Nadie tiene control sobre nada,
sólo de sí mismo.
Un poema demasiado apasionante.
Con punto final, sin punto final,
¿Qué más da? El editor es el destino.
A quien le confiamos los errores y las palabras de más.

Tú elegiste el soundtrack y yo sólo hice el recuerdo.
El recuerdo que no olvidaremos jamás.

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